Cómo afecta el frío a las articulaciones en invierno y por qué enero y febrero son clave para su cuidado
Durante los meses más fríos del año, muchas personas notan que sus articulaciones se sienten más rígidas o menos “lubricadas”. Este fenómeno no es casual ni imaginario: el frío tiene efectos fisiológicos reales sobre los tejidos articulares.
El impacto del frío en las articulaciones: lo que ocurre a nivel interno
Cuando la temperatura ambiental desciende, el cuerpo prioriza la conservación del calor. Esto provoca vasoconstricción, es decir, un estrechamiento de los vasos sanguíneos periféricos, que reduce el aporte de oxígeno y nutrientes a zonas como rodillas, manos o caderas.
Además:
• El frío puede aumentar la viscosidad del líquido sinovial, el fluido que actúa como lubricante natural de la articulación.
• Los tejidos conectivos (cartílago, tendones y ligamentos) pierden elasticidad, lo que incrementa la sensación de rigidez.
• Los cambios de presión atmosférica propios del invierno también influyen en la percepción articular, especialmente en personas sensibles.
El frío no “estropea” la articulación, pero sí modifica su entorno biomecánico.
Por qué enero y febrero son los meses más exigentes
Enero y febrero concentran:
• Las temperaturas más bajas del año
• Menor exposición solar
• Mayor sensación de rigidez matutina
• Mayor percepción de molestias articulares latentes
Es en este contexto cuando el cuerpo puede necesitar mayor apoyo estructural y nutricional.
Apoyos habituales para el bienestar articular en invierno
Para el cuidado del cartílago y de los tejidos articulares. Se utiliza como apoyo para mantener la estructura y la flexibilidad articular, especialmente en épocas de mayor estrés mecánico o ambiental como el invierno.
Relacionado con el aporte de colágeno, una proteína clave para la resistencia y elasticidad de cartílagos, tendones y ligamentos. En los meses fríos, cuando los tejidos se vuelven más rígidos, su presencia cobra especial relevancia dentro de rutinas de autocuidado. Por su aporte de ácido hialurónico, actúa como lubricante de las articulaciones.
Un mineral esencial implicado en la función muscular y neuromuscular. Su papel en la relajación muscular y en el equilibrio electrolítico influyen indirectamente en la sensación de rigidez articular, especialmente en épocas de frío y tensión corporal.
El invierno como momento de prevención
El frío actúa como un amplificador de desequilibrios previos. Por eso, enero y febrero son una buena oportunidad para prestar atención a las articulaciones, entender cómo responden al entorno y acompañarlas con hábitos y apoyos adecuados.